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  • Team Los Cabos Film Festival

Ese Los Ángeles que ya nunca será

Por Carlos Gómez Iniesta



Summertime (2020), el segundo largometraje del cineasta Carlos López Estrada, es un tributo a Los Ángeles. Mejor dicho, un tributo a los poetas moldeados por Los Ángeles. Para aquellos que saben embriagarse con el olor a dulce de mantequilla que despiden sus alcantarillas o los que se dejan cegar por la luz de sus amaneceres entre horas pico de los freeways.


Julio de 2019. El director mexicano ya naturalizado estadounidense comienza la filmación de Summertime tras su exitosa ópera prima, Blindspotting (2018). Es conocido el dicho de que el cine es arte colaborativo, una suma de ideas y tareas creativas entre todo un equipo, pero aquí se tenía que llevar esa máxima a otro nivel.


También lo dice bien esa otra película tributo, La La Land (2016), en otra de sus canciones: “Alguien en la multitud podría ser el que necesitas conocer”. Así es que vale la pena hacer un flashback a algunos meses antes del rodaje para probar cómo se juntan estas dos ideas: Carlos se encontraba entre los asistentes del concurso de un programa especial de poesía donde los estudiantes presentaban sus mejores trabajos. Solo se necesitaron unos minutos para que la cabeza le palpitara por la magia que ahí estaba aconteciendo. No sabía ni cómo ni cuándo, pero les prometió trabajar con ellos algún día. Los chicos, algo maltratados por la vida, lo dudaron, después de todo, la ciudad también es reconocida por los sueños que ha roto.


Para sorpresa de muchos, al final llegaron buenas noticias: el ofrecimiento se concretó en una película de corte muy independiente. Muy. 25 angelinos acordaron recitar sus composiciones y, si se sentían cómodos, hacerlo frente a la cámara y en los mismos lugares en donde la ciudad había inspirado su arte. Las calles polvosas, los edificios llenos de historia, las habitaciones de sus hogares, las bancas públicas y todo rincón que los haya visto llorar, reír, enojarse, frustrarse, pasar hambre y amar con toda su fuerza. Los que lo hicieron, ganaron por méritos propios un crédito como coguioinista y otro como actor dentro de la película.


Así conocemos las historias de Mila Cuda, Olympia Miccio, Tyris Winter, Amaya Blankenship, Bene’t Benton, Hanna Harris, Marco Bizio, Raul Herrera, Bryce Banks, Marquesha Babers, Walter Finnie Jr., Anna Osuna, Zach Perlmutter, Jason Alvarez, Austin Antoine, Maia Mayor, Madyson Park, Xochitl Morales, Paolina Acuña-González, Marcus James, Gordon IP, Cyrus Roberts, Pathum Madigapola, Nia Lewis, Daniel McKinley, Khamal Iwuanyanwu y Lukas Lane en sus propias voces.


Por ejemplo, Tyris es un joven afroamericano gay que sabe que tiene el poder de calificarlo todo con Yelp. Su primera intervención es una queja directa a la gentrificación de su restaurante de hamburguesas con queso favorito de la calle Windward de Venice. La fuerza de su imparable verborrea brota cuando descubre que el platillo que le llevan –un pan tostado con algunos pedazos de queso y hierbas– cuesta $15 malditos dólares. Tras una profunda bocanada, Tyris se asegura de que todos los clientes se enteren de mil ideas sobre cómo usar mejor ese dinero en una economía tan desastrosa. En esos dos minutos parecería que la ciudad entera se detiene solo para escucharlo a él. Hacerlo vale muchísimo más que esos $15 malditos dólares.


Algo similar sucede con el discurso pro gay que se tuvo que tragar entero un individuo que baja derrotado del autobús en Seville Ave de Huntington Park. O con la secuencia en la que una joven se defiende de los piropos callejeros frente al restaurante Sabores Oaxaqueños de la Octava en Koreatown. Cada una de la veintena de intervenciones de estos muchachos es una prueba de que esto no es solo poesía, es una actitud ante la vida.


Claramente influenciada por Slacker (1990) de Richard Linklater, en la que la acción se pasa de un personaje a otro tras su aparición a cuadro, Summertime podría ser para Los Ángeles lo que Rent es para Nueva York. Un tour de force de artistas de gran sensibilidad enfrentando la fama, las deudas, la decepción y el amor. Tal como la obra de Jonathan Larson es una foto de la “Ciudad de los Rascacielos” en los 90, el filme de López Estrada se ha transformado, en tan solo un año, en un mural que ya se podría ver con nostalgia.


La rica ciudad de las mil culturas, nacionalidades y clases sociales que se retrató en el verano de 2019, cambió para siempre en marzo de este año. Como a todo el mundo, a Los Ángeles le llegó el confinamiento, haciendo doloroso –y casi imposible– reimaginar esta película con distancias seguras y los personajes usando cubrebocas; vaya metáfora. Pero entre este desastre mundial, a la “ciudad de oropel” también le llegaron los incendios que nublaron la luz de sus hermosos cielos; las violentas protestas a favor del movimiento Black Lives Matter en contra de la brutalidad policiaca; y el debate migrante causado por la división de la tensa época electoral en la América de Donald Trump. Por otro lado, dos equipos esenciales en su identidad, los Lakers y los Dodgers, se convirtieron en campeones después de mucho tiempo de no serlo. Ojalá, a pesar de estas paradojas, derrotas y alegrías, pronto volvamos a ver ese lugar que pinta Summertime con su envidiable libertad de movimiento y sus ideales bien puestos.


Por eso hay que valorar como pocas cosas que el Festival Internacional de Cine de Los Cabos agregue este filme en su primera edición digital para que pueda ser visto antes que en otras partes del mundo, Estados Unidos incluido, pues el desastroso parón de la industria del cine impidió que continuara con su plan de exhibición tras su exitoso debut en el Festival de Cine de Sundance en enero pasado, cuando nadie siquiera imaginaba lo que vendría en el futuro. En cuanto a Carlos López Estrada, es probable que el mundo vea antes su película de estudio de alto presupuesto, Raya y el último dragón (Raya and the Last Dragon, 2021) de la casa Disney, antes que este vibrante retrato multicultural de Los Ángeles llegue a la audiencia que merece.


Si todo esto se quiere tomar con alegría e inspiración, o con la nostalgia de mejores tiempos, da casi lo mismo. Después de todo, los cinéfilos sabremos admirar la poesía tan necesaria que sale de cada uno de los cuadros de Summertime. Prueba irrefutable de que el arte sirve y servirá para contrarrestar los tiempos caóticos que estamos viviendo.


Carlos Gómez Iniesta es editor, periodista y crítico de cine. Actualmente es el director editorial de SensaCine México y asesor de programación del Festival Internacional de Cine de Morelia. Fue director editorial de Cine Premiere por más de 15 años, coordinó el área digital de Videocine y se desempeñó como editor general de Contenidos de Grupo Expansión.


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