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  • Team Los Cabos Film Festival

La ternura como alternativa a la crueldad sistémica

Por Fabiola Santiago





A punto de iniciar un procedimiento médico, la mirada recorre el instrumental pero no se detiene. Avanza hacia arriba de las rodillas, recorre la bata azul, encuentra un rostro en el momento en que una sensación le causa una sacudida, al igual que al resto del cuerpo; pero tampoco se detiene ahí. La cámara sigue subiendo hasta llegar al final de un brazo extendido, cuya mano aprieta fuertemente a otra mano. Al regresar por el mismo recorrido, otro par de manos salen de las rodillas y se quitan unos guantes. El procedimiento ha terminado, por ahora.


En su tercer largometraje, Never Rarely Sometimes Always (2020), la directora y guionista neoyorquina Eliza Hittman hace una aproximación al aborto desde el punto de vista de una adolescente. En realidad, hace mucho más que eso: en el embarazo no deseado; en los comentarios que las jóvenes reciben arriba de un escenario, en un autobús o en un supermercado; y en las miradas no solicitadas, la realizadora apunta hacia las condiciones que habitan las mujeres en un mundo masculino, desigual y hostil, y ofrece una salvación en la ternura. Con poquísimos recursos –pocos diálogos, pocos momentos efectistas y nada de melodrama– los temas de la cinta se potencian en pantalla.


Autumn (Sidney Flanigan) oculta que algo crece en su vientre día con día. En un ambiente en el que su madre intenta conectar con ella sin saber cómo y su padrastro tiene una conducta ácida, acude a una clínica local en el pueblo de Pensilvania en el que vive. Los intentos por disuadirla de tener un aborto inician con el video manipulador de rutina. En medio de malestares en el trabajo como cajera, solo su prima Skylar (Talia Ryder) alcanza a entender y hacer algo por ella. No hay preguntas de por medio. Las espera el autobús rumbo a Nueva York, en donde sí podría interrumpir el embarazo sin necesidad del consentimiento de sus padres.


En la secuencia inicial, Autumn se percibe como un personaje solitario en contraste con sus compañeros, que en un show escolar de talentos presentan coreografías animosas y canciones entusiastas. Maquillada con glitter rosa, sus párpados se ven apagados mientras canta: “He makes me do things I don’t wanna do / He makes me say things I don’t wanna say / He’s got the power, the power of love over me”, dicen algunos versos que darán una pista sobre las circunstancias que la atraviesan.


Ya en Nueva York, las primas descubren que el procedimiento no es tan rápido y deben quedarse en la ciudad un par de noches. Sin recursos para pagar un hotel, las jóvenes fugitivas vagan por el metro y por la ciudad. No les es concedida la tranquilidad de una siesta en los vagones, porque apenas se descuidan llega un hombre a acosarlas. Las aventuras en Nueva York, ciudad promesa para los jóvenes de acuerdo al cine estadounidense, no son divertidas ni emocionantes para ellas. Skylar hace cosas que no quiere hacer, pero no sometida a un poder disfrazado de amor, sino como un acto desprovisto de egoísmo y como acompañamiento a Autumn.


La película de Hittman evade exitosamente todo riesgo de juzgar a sus personajes; sin embargo, tampoco los ubica en un pedestal. Las chicas se ayudan, pero también se cansan, se irritan, se fastidian. Una amistad no se compone solo de momentos felices, sino también de desencuentros y sus posteriores reconciliaciones. De saber que, aunque por momentos te alejes por molestia o para tener tu espacio propio, también puedes acercarte a tomar la mano de la otra en silencio mientras pasa por un instante amargo y eterno.


Después de las películas It Felt Like Love (2013) y Beach Rats (2017), la directora afianza en esta obra su mirada sutil y compasiva hacia los problemas de los adolescentes. En Never Rarely Sometimes Always, la protagonista no está sola, aunque a primer vistazo nos diga lo contrario. Tampoco es estoica, aunque su semblante casi paralizado lo señale así.


A diferencia de otras cintas que, al abordar problemáticas como el embarazo adolescente exploran el sentimentalismo (Riding in Cars with Boys, de Penny Marshall) o lo aligeran (Juno, de Jason Reitman), la película de Hittman apuesta por una vía mucho más sobria y acorde al interior de su protagonista. Después de todo, no hay una sola mirada, ni una experiencia única ante el aborto, pero sí formas de complejizarlo. Es aquí donde la mancuerna con la fotógrafa Hélène Louvart acaba de sellar el tono de la cinta. Con experiencia en numerosas películas como Pina (2011), de Win Wenders; Lazzaro felice (2018), de Alice Rohrwacher; y Familia sumergida (2018), de María Alche, el talento de Louvart para filmar atmósferas espléndidas, oníricas o enardecidas, también sabe capturar el sentir entumecido de Autumn.


La cámara rehúye al morbo y las explicaciones. Sí, registra un par de autolesiones después de la desesperación inicial de no saber qué hacer con el embarazo, pero mantiene una distancia respetuosa a lo largo del largometraje y solo se queda quieta en el rostro de la protagonista en un momento clave que condensa su carga. Al llegar al cuestionario de opción múltiple que da nombre a la cinta, nuestra mirada no se alterna entre las interlocutoras. Solo hay que observar la cara de Autumn, pues más que sus respuestas de una palabra, son sus gestos desarmados los que hablan de lo que no se dice.


“He’s got the Power” ya no suena como himno de amor romántico; a la luz de sus “never, rarely, sometimes, always” a preguntas sobre protección, consentimiento y violencia sexual, las palabras de la canción adquieren un matriz cercano a la confesión y a la denuncia. Aun así, la lente nunca transgrede barreras, como si pudiera escuchar al personaje trazando sus propios límites y mostrando la debida consideración a ellos. Las decisiones formales en la cinta sostienen también una postura ética ante la violencia patriarcal y el aborto: el respeto y la sororidad son nuestras alternativas ante la crueldad sistemática.


Fabiola Santiago es periodista y crítica de cine. Colabora en el comité de selección del festival CUÓRUM Morelia. Es confundadora y coordinadora de la plataforma Lumínicas, que explora las escrituras de cine desde perspectivas feministas.


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