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  • Team Los Cabos Film Festival

Night Raiders

Por Jorge Negrete


La distopía es el lugar donde solemos poner nuestras pesadillas, ignorando que incluso dentro del entorno más opresivo, se alcanzan a asomar plácidos sueños que atenúan la angustia, como el avistamiento de un ave en medio de un paraje desolado. En el cine, el futuro es un lugar aterrador para imaginar, pero a diferencia del presente, ofrece una de las virtudes más nobles de la ficción: admite toda solución sin importa que tan remota ésta pueda ser.


En su opera prima Night Raiders, la cineasta canadiense Danis Goulet imagina un futuro que confluye con la misma turbiedad de mundos como los de Children of Men o The Handmaid’s Tale, tanto en sus versiones literarias como en sus adaptaciones cinematográficas y televisivas, particularmente en la consolidación de un Estado totalitario que después de destruir de la posibilidad de habitar a través de guerras y catástrofes, asume el control total de los cuerpos y las mentes.




La película se sitúa en el año 2043 donde los niños son considerados propiedad estatal y son separados de sus padres para entrar en escuelas militares donde son adoctrinados por el régimen para defenderlo ciegamente e incluso ser capaces de asesinar impíamente a sus seres queridos si llegaran a ser opositores del mismo. Es en ese mundo en el que Niska (Elle-Máijá Tailfeathers) trata de proteger de ese destino a su hija Waseese (Brooklyn Letexier-Hart), escondiéndola y huyendo de intimidantes y arácnidos drones que están a la caza de cualquier niño.


Goulet construye a detalle una distopia que se narra en lo que dicen sus muros, sus edificios roídos, su luz gris y opaca, anuncios que prometen progreso y sobre todo, en la lucha de cada uno de sus personajes, muchos de ellos miembros de la nación amerindia Cree, que como otras culturas nativas, sufre el peligro de la extinción a manos de un Estado rapaz e indiferente.



Night Raiders presenta un contundente llamado a la protección de dos virtudes que resultan indispensables para hacer un mundo habitable: la inocencia y la diferencia. El Estado opresor de la película dice proteger “a Dios y la libertad bajo una sola nación y una sola bandera” usando como principal recurso a los niños pero lo que la película de Goulet parece demostrar es que la libertad no responde al llamado de una sola bandera ni una sola lengua, sino a la de una tan extraña, bella e incomprensible como el canto de un ave.



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