Viking: el sueño con los pies en la tierra

Por Sharely Cuellar


Un cuestionario con preguntas que se responden como cierto o falso presentan brevemente a David (Steve Laplante); en esta entrevista para conocer su psicología se da un primer vistazo acerca de un hombre, que después descubrimos como profesor de educación física de bachillerato, y la importancia que le da a sus sueños, eje fundamental para esta película. Stéphane Lafleur dirige su cuarto largometraje de ficción que se inserta en apariencia en el género de ciencia ficción, sin embargo, mientras se desarrolla el arco dramático del personaje principal identificamos elementos que colocan a Viking en la comedia dramática.


Cinco personas aceptan participar patrióticamente en un proyecto secreto para ayudar al grupo de astronautas que están en el espacio con la misión de ser los primeros humanos en llegar a Marte. Bajo la idea de que “no se puede construir humanidad con máquinas” los cinco deberán resolver problemáticas del equipo espacial desde una base instalada en una zona árida imitando actividades que harían sus equivalentes astronautas, dejando de lado sus propias vidas para adoptar las nuevas.


David, comprometido con esta tarea que le significó dejar a su esposa sin explicar demasiado, se frustra rápidamente con las trivialidades que deben resolver. El tiempo, la convivencia y el impulso por visualizarse a él mismo como astronauta lo hacen generar una idea de que en realidad podría alcanzar esa meta y ser el hombre que va en ruta a Marte. Lafleur hace evidente su cariño a películas como 2001: Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) o al cine de Yorgos Lanthimos, como él mismo ha comentado en diferentes entrevistas.


Viking nos sumerge en la mente de David y su percepción del deber, del deseo y de los conflictos y contradicciones que representa la humanidad. En la búsqueda de crear soluciones científicas, aprobadas, certeras e irrefutables olvidamos comúnmente lo más elemental de aceptar que no se puede controlar la vida ni el entorno.


Este sueño, que en un tono distinto se pudo convertir en una parodia de astronautas o en un thriller inquietante, resulta en una producción que conoce bien sus momentos más risibles, algo que le otorga balance a conclusiones menos heróicas o épicas al confrontar las expectativas con la realidad.




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